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El apenado semblante y las dos lágrimas de cristal que corren por sus mejillas, delatan la participación del Discípulo amado en el dolor de María, a la cual se dirige para procurarle consuelo. El rostro, de tez tostada y completamente imberbe, se halla enmarcado por una cabellera larga y oscura, alborotada en la frente y resuelta a base de ensortijados rizos. Es talla de vestir. |

© David Valenciano Larios. Todos los Derechos Reservados. 2007