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Ambas figuras, concebidas para vestir, representan el Encuentro de la Virgen y San Juan en la Calle de la Amargura. La Dolorosa inclina la cabeza hacia la izquierda y dirige la mirada al mismo lado, en señal de diálogo con el Evangelista, quien le indica el camino tomado por Jesús hacia el Calvario. El semblante de María, de lívidas carnaciones, delata la extenuación que sufre por la angustia. Los ojos son de cristal, con pestañas postizas en la parte superior y pinceladas en la inferior, mostrando los párpados vencidos y enrojecidos por el llanto. La nariz es larga y afilada, el hoyito bajo aparece muy señalado, y la boca, abierta, presenta en su interior la lengua y la dentadura talladas, dejando paso la incipiente papada a un cuello crispado por los sollozos. La Virgen lleva tres lágrimas de cristal en la mejilla izquierda y dos en la derecha. Sus manos figuran también muy crispadas y con las palmas extendidas para portar el pañuelo y el rosario. El Discípulo Amado, representado como un joven de apolínea belleza, se muestra también muy compungido ante la tragedia. |
© David Valenciano Larios. Todos los Derechos Reservados. 2007